Reforma al Mercado de Capitales (MK4): la propuesta que el gobierno ingresó en septiembre con suma urgencia agrupa cerca de 30 medidas en tres ejes: acceso a la vivienda, financiamiento para empresas y modernización regulatoria. La pieza central es el FONAVI, un fondo estatal administrado por BancoEstado que compra carteras hipotecarias a los bancos, liberando capital regulatorio para que puedan seguir prestando a plazos más largos y tasas más bajas. A esto se suma la AVV, una cuenta de ahorro donde el Estado aporta un 3% adicional para completar el pie de la primera vivienda.
En términos fiscales, el efecto en crecimiento es gradual y de largo plazo, consolidándose recién varios años después de aprobada la ley. Vale la pena notar que el mayor costo fiscal directo del paquete no está en el FONAVI, sino en el subsidio AVV al pie —un punto que suele pasar desapercibido frente al protagonismo mediático del fondo hipotecario—. A nuestro juicio, el efecto menos internalizado por el mercado es la liberación de capital bancario: al vender carteras al FONAVI, los bancos quedan en condiciones de aumentar sus colocaciones sin levantar capital adicional, lo que debería favorecer la valorización del sector.
En el plano regulatorio, el proyecto moderniza normas societarias con décadas de antigüedad (digitalización de acciones, menores quórums, squeeze-out, voto múltiple permanente), lo que representa un avance relevante para la profundidad del mercado de capitales local. El punto que amerita seguimiento es el trato a los accionistas minoritarios: algunas de estas medidas, aunque justificadas desde la eficiencia económica, ameritan ir acompañadas de mayor fiscalización, dado el menor acceso a información que suelen tener frente a los controladores. En general, vemos la MK4 como un avance importante en modernización normativa, con potencial para dinamizar los mercados financieros, aunque su materialización dependerá de la implementación y de cómo se resuelvan los puntos más disputados en el Congreso.